El trasplante renal
En el caso del trasplante renal, de cada
donante se obtienen dos riñones, y, por lo tanto, se pueden
hacer dos trasplantes ya que sólo se instala uno en cada
receptor, porque con un solo riñón podemos vivir
perfectamente sin problemas.
En el caso de la mayoría de los trasplantes el órgano
sano se sustituye por el órgano enfermo. Sin embargo, en el caso
del trasplante renal no es así: los riñones originales no
se extirpan a menos que den problemas. El riñón que se
implanta se coloca en la fosa ilíaca, es decir, en la parte
lateral del abdomen, por debajo del ombligo. Puede colocarse, de forma
indiferente, en el lado izquierdo o derecho. Por lo tanto la
cirugía se realiza por la parte delantera, quedando la cicatriz
quirúrgica en esta zona.
El riñón dispone de una arteria que le aporta la sangre,
una vena por donde se devuelve al torrente sanguíneo y un
uréter que es el conducto que lleva la orina hasta la vejiga.
Lógicamente los cirujanos (urólogo y cirujano general)
deben realizar la
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unión de estos tres conductos mediante suturas entre los vasos
sanguíneos del donante y receptor y entre el uréter del
donante y la vejiga del receptor.
En el caso del trasplante de cadáver, se comprueba que los
riñones que van a ser trasplantados funcionan bien y no tienen
enfermedades que pudieran ser transmitidas a los enfermos que van a
recibirlos. Aunque las personas donantes ya están fallecidas
cerebralmente, se mantienen sus constantes vitales artificialmente en
las Unidades de Cuidados Intensivos. |